Colonia del Sacramento

9 05 2008

La primera impresión que tuve al llegar fue: otro sitio de mierda. Al salir de la estación de autobuses, oscureciendo, a mi izquierda vi las dársenas del puerto, enfrente un descampado y una parada de autobús, y a la derecha una gasolinera. Me reí.

Avancé hacia la marca número 20 del mapa de la guía y que ponía “Hostal Colonial“. Las presuntas lesbianas de Montevideo me dijeron que era un hostal muy bonito pero que la gente no creaba comunidad.

Al entrar en lo que sería el casco urbano propiamente dicho me gustó un poco mas porque olía a leña quemada. Eso es siempre buena señal. Además apenas pasaban coches por la artería principal (palabra fea) de la ciudad.

En el hostal poca gente, efectivamente era bonito y la gente también efectivamente no hablaban unos con otros. Hacía frío, así que salí a buscar algo para cenar y dejé la visita para el día siguiente.

Colonia es un pueblo costero, con mar al norte, sur y oeste (se llega por el este) y pequeño. La parte antigua viene a ser como un Peñíscola, con calles alineadas y empedradas, con casas de una planta, de colores, con patios, algunas de piedra, con árboles que salen de los muros, farolas antiguas amarillas, sampedros por las paredes, algunas plazas que SI invitan a sentarse, un trozo de un muro de protección con unos cañones, y hasta un faro.

El sitio fuera de temporada está bien si quieres hacerte el romántico con tu novia, o tu novia te ha abandonado y te sientes un desgraciado y tienes la necesidad de escribirle cartas melancólicas o versos de corazones rotos para que ella pueda enseñárselas a su nuevo amante -porque por eso te abandonó, aunque te quiere mucho como a un amigo- y su amante diga “ahora entiendo por que lo dejaste, ¡¡¡dioss que baboso!!!“. Vamos el sitio al que yo hubiera ido en otra época de mi vida mas inocente. Y hubiera ido feliz.

El mismo sitio en temporada debe estar lleno de gente joven emborrachándose, turistas a poder ser, o debe ser un lugar para que la mafia rusa lleve a sus amantes de 17 o 18 años con su barco que ha llevado algún friki desde la costa italiana, durante seis meses de navegación y tras cobrar una pasta -la mitad ahora y la mitad cuando llegues- y que la novia le haya dejado por hacerlo porque ella no se pasa seis meses en un barco echando las potas.

He charlado con un par de parejas francesas de entre 35-40 años con un par de niños de entre 5-10 años -soy muy malo para las edades- que viajaban juntos, y tras las preguntas y respuestas habituales he acabado por preguntar donde iban y han dicho que a Montevideo, y les he dicho:

-Il n’y a pas rien à voir

Fotos de hoy aquí.





Quinta noche

9 05 2008

En el hostal de Colonia…

-Grrr, grrr, grrr… ¡¡Coño que frío!!!. Dos mantas.

-Grrr, grrr, grrr…¡¡Coño otra vez que frío!!!. Las mantas se han caído.





Montevideo

8 05 2008

A la hora de desayunar se ha sentado conmigo una chica inglesa, que hablaba español y que me ha dicho:

-En Montevideo no hay nada

Es la moda, se ve.

Ella viene de Colonia y dice que tampoco hay mucho. Que está aquí porque su amiga que es australiana necesita una VISA para entrar en Brasil y han venido aquí a que se la hagan. Tengo mas ganas que nunca en comprobar si es tan fea la ciudad. Buscando la postal para Bob&Paul compruebo que no hay ninguna que no sea horrible. Mala señal si no puedes ni tener postales bonitas, ni aplicando photoshop.

Recorro la calle principal en el centro, Av. 18 de julio y nada reseñable. Muchos comercios y autobuses de aquí para allá. Gente caminando y un par de gorrillas pidiendo unas firmas contra el gobierno que no les paga.

Llego a la Plaza Catalunya de aquí, la Plaza de la Independencia y echo unas risas por lo feísimo que llega a ser. Hay un tipo con la camisa blanca y una cámara en un trípode que se dedica a sacarse fotos con el automático en cada dirección de la plaza.

Recorro la Ciudad Vieja, que son casas bajas sin nada en especial, sin ropa tendida ni olor a jabón, sin flores en lo balcones, sin plazas en inviten a sentarse.

Llego al paseo marítimo que mira al Río de la Plata, y aquí al menos huele a salitre, mejor que el continuo olor a tubo de escape. Un gorrilla busca algo en el rompeolas.

En la Ciudad Vieja visito el Mercado del Puerto, en el que ya no hay mercado sino restaurantes y parrilladas. Como vacío que está mucho peor que el asado de Nahuel.

Pateo un poco mas, tomo un café en un sito chulo y digo “VISTO“.

Al volver al albergue a buscar la bolsa me quedo un rato charlando con la inglesa (Paula) y la australiana (Kyle) que llevan 6 meses viajando y van a estar otros 10 meses mas. Concluyo que son pareja. Me dicen que no vaya a Colonia, que no hay nada, que me quede con ellas y esta noche nos tomamos unas birras. Me lo dicen como lo diría el JaviVamos a tomar unas birras con los colegas, ¿no?“. Prefiero irme para dormir en Colonia y mañana pirarme de vuelta a Argentina.

Si alguien en el camino me pregunta por Montevideo les diré

-No hay nada que ver

o mejor

-There is nothing to see.

Fotos de hoy aquí.





Cuarta noche

8 05 2008

Ayudo a un brasileño a enviar un email, que dice:

-Aquí no hay nada que hacer

Luego en la habitación hablo con un italiano que habla en inglés a toda pastilla y sin vocalizar (como yo vamos) y dice que ha vivido en New York 8 años y me pregunto -por dentro- que en qué gueto porque habla fatal, y me dice:

-Aquí no hay nada que hacer
-¿Y cuánto tiempo llevas aquí? - pregunto
-Un mes - contesta

Siempre hay uno de estos que dice que el sitio es una mierda y que no hay nada que hacer, pero que llevan un mes vivindo, y repitiendo cada noche a la gente como yo que no hay nada que hacer.

Me tumbo en la cama y gggrrrr, gggrrr, ggrrrr (voy a buscar en Internet como se escriben los ronquidos).





Nada

7 05 2008

Eso es lo que ha pasado hoy: NADA.

Despedidas por la mañana temprano, incluido un beso del fantástico, “Good Luck” e intercambios de email de esos que ya pones en la hoja de “Tirar cuando llegues a casa“, que no tiras ahora por si acaso te va a hacer falta estos días.

Mi plan hoy era llegar a Montevideo, que son 3 horas y media de barco, saliendo a las 15:30, y antes de salir visitar Puerto Madero de día, que lo he visto solo de noche.

He llegado a las 12, en taxi, como un señor, las instalaciones del puerto muy nuevas, con controles como si fuera un aeropuerto, compro el billete y pregunto “¿Dónde están los lockers?” “No hay” “¿Y hay algún sitio donde pueda dejar el equipaje?” “No hay“.

Así que me he sentado en un banco, y he esperado un par de horas, luego el control de pasaportes, sello de salida de Argentina, sello de entrada a Uruguay, otra hora esperando, subir al barco de esos rápidos y sin nada que ver, sentado en una silla 3 horas y media, sin MP3 que no tiene batería, y llegada a Montevideo ya de noche.

A eso de las 7 y algo estaba buscando el albergue por calles oscuras y que huelen a tubo de escape.

De momento la ciudad no tiene NADA, como el día de hoy. La gente del albergue dice que se quedan aquí, jugando al ping-pong y viendo la tele porque fuera no hay NADA.

Yo lo que he visto es mucha gente tomando mate, andando de vuelta a casa, esperando en el bus, vigilando en la garita, con su termo y su taza con ese palito de metal del que se absorbe. Y eso es todo lo que les he visto.

Diremos que el día de hoy ha sido un día de transición, como tantos que me esperan.

Antes de terminar, una foto de los coleguitas de anoche:

Los coleguitas de Buenos Aires